Circuncisión femenina, repugnante método de castidad
Una de las formas más comunes de tortura en el mundo moderno, mucho más extendida que el ahogamiento simulado o los choques eléctricos, es infligida por las madres a sus amadas hijas y se trata de la mutilación genital femenina, conocida también como circuncisión femenina.
Esta repugnante práctica prevalece a lo largo de un amplio tramo de África y en algunos lugares de madres llevan a sus hijas, aproximadamente a los 10 años de edad, con “cortadoras” que tienen que realizar hasta doce “operaciones” de este tipo.
Maryan Hirsi Ibrahim, mujer somalí que realiza circunsicines manifiesta: “Esta tradición es para mantener castas a nuestras niñas, para reducir el impulso sexual de nuestras hijas. Esta es nuestra cultura”.
Esta actividad es un abuso grotesco a los del cual no escuchamos hablar mucho, no porque no sea de gravedad sino por las ridículas limitantes que existen con respecto al tema de la sexualidad.
Los genitales de las niñas son cortados, incluido el clítoris y los labios vaginales, a menudo sin anestesia. Lo que queda de la carne es cosido para unirlo con tres a seis puntadas. Con espinas silvestres en áreas rurales o con una aguja e hilo en las ciudades. El cortador deja una diminuta abertura para permitir que la niña orine y menstrúe.
Durante 10 días las pequeñas son atadas de sus extremidades inferiores hasta que la carne viva se funde en una sola masa. Cuando la niña está casada y lista para el sexo, su marido o una respetada mujer de su comunidad la deben abrir cortando el área.
Definitivamente una de esas prácticas africo-asiáticas que para el mundo occidental resultan bastante incómodas o mejor dicho despreciables y que, sin embargo, son tradición en aquellas regiones.













