Publicado el: Sab 10, ago, 2013 a las 7:44 pm

Las verdaderas razones de la privatización

Por: GUILLERMO FABELA QUIÑONES

No son razones estrictamente económicas las que determinan la decisión de acabar de privatizar Pemex, sino políticas. Se trata de uncir a México al proyecto neoimperialista de Estados Unidos, en el que nuestro país tendría un papel de proveedor de materias primas y de mano de obra barata, además de convertirlo realmente en el patio trasero al que se enviarían los desechos de la producción de la súper potencia, actualmente en declive como muchas de las naciones europeas. De ahí el firme interés del gobierno de Enrique Peña Nieto en reformar la Carta Magna, a fin de “legalizar” la instauración de medidas antidemocráticas, de conformidad con el imperativo de consolidar un Estado de carácter totalitario.
Como los pronósticos para la economía mexicana son muy desalentadores, más de lo que se nos dice a través de los medios, como lo acaba de confirmar un análisis de BBVA Bancomer, la oligarquía está previendo que no queda otra alternativa que formalizar políticas públicas cada vez más antidemocráticas, única posibilidad de mantener las altas tasas de ganancias a las que se acostumbraron desde hace más de tres décadas. En este proceso, la total privatización de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad juega un papel fundamental, que no se puede justificar de ninguna manera, mucho menos bajo una perspectiva estrictamente económica.
Para probarlo, va en seguida un recuento de datos contundentes que demuestran la irracionalidad de que Pemex deje de ser empresa del Estado. Las utilidades que generó la paraestatal en los últimos 16 años sumaron 656 mil millones de dólares. Con las utilidades que genera en un año, bastaría para construir dos refinerías, y todavía le sobrarían 20 mil millones de dólares luego de pagar al fisco 30 por ciento que le correspondería como a cualquier empresa privada.
Los grandes problemas derivados del desempleo en el país, podrían haberse resuelto si las utilidades brutas de Pemex se hubieran invertido productivamente. En un escenario bajo, al menos 150 mil empleos por cada punto del PIB, es decir 8 millones 550 mil; y en una expectativa alta, 200 mil empleos por cada punto del PIB, para dar 11 millones 400 mil empleos formales. De hecho, una cifra casi equivalente al déficit que se tiene en el mercado laboral, la misma del número de personas que se ubican en la informalidad.
En este momento, Pemex produce al día 2 millones 983 mil barriles de crudo, si se vendieran totalmente generarían ingresos por 298 millones 300 mil dólares diarios. Sin embargo, sus ingresos se dispararían 11 veces si a ese volumen de barriles que se extraen del territorio nacional se les diera un valor agregado, como alguna vez se hizo cuando México contaba con 16 refinerías. Entonces la cifra anterior sería de 3 mil 281 mil 300 millones de dólares. Es que la ganancia de un barril de crudo se multiplica por tres en la producción de combustibles, en 10 veces en la de petroquímicos, y hasta 30 en la elaboración de productos terminados, como los plásticos.
Es incomprensible que por cada barril que México exporta a Estados Unidos, para luego importar gasolinas, se pierden 54 dólares por barril. En cambio, si en vez de importar le vendiera gasolinas, los ingresos diarios de Pemex por ese concepto ascenderían a más de 300 millones de dólares diarios. En la actualidad, nuestro país importa 500 mil barriles diarios de gasolinas, y el 53 por ciento de los ingresos por exportaciones de crudo se destina a la compra del producto. Bastarían dos refinerías para procesar esos 500 mil barriles de crudo y dejar de importar gasolinas. Construir una refinería cuesta alrededor de 8 mil millones de dólares.
Tal situación anómala patentiza la corrupción que hay detrás de la importación de gasolinas, en la que participan los más altos miembros de la elite gobernante, pues sólo así se explica semejante irracionalidad, que fue confirmada en el sexenio pasado, cuando hasta se destinó una suma dizque para comprar terrenos en el estado de Hidalgo para construir una refinería de la que ni siquiera se colocó la primera piedra. Todo ello explica por qué fue materialmente imposible que la cúpula gobernante, y la oligarquía, respetaran la voluntad popular expresada en las urnas el año pasado. Y todavía tienen la desfachatez de decir que México vive en democracia.
guillermo.favela@hotmail.com

¡Código QR para pasar la URL de la noticia a tu celular!

Sobre el Autor

- Editor de periódico matutino Órale que Chiquito