Publicado el: Mie 18, sep, 2013 a las 8:40 am

Señor Presidente, solicito su permiso para… (Segunda y última parte)

Gilberto Jiménez Carrillo

 

Nos quedamos en que en el desfile del pasado 16 de septiembre se repitió el mismo error histórico en donde el Ejército le solicita al Presidente permiso para iniciar el  desfile que conmemora la Independencia nacional. Todos los mexicanos sabemos que el Presidente es una persona muy limitada académicamente, que no sabe hablar inglés, que no sabe qué significa IFAI, que desconoce el título de los libros de Carlos Fuentes, que ignora el nombre de la capital de Veracruz, etc., y muchos etcéteras más, pero ¿acaso no habrá algún historiador en su gabinete, o un funcionario que haya pasado con un ocho sus clases de historia y civismo para que se lo explique, y de “perdis” sepa que lo que autoriza no corresponde con la realidad histórica?

Por si con eso no bastara, en esta ocasión ya se le agregó una nueva mentira, falsedad y evidente ignorancia en el tradicional “señor Presidente solicito su permiso para…”, puesto que, además de decir que se celebraron 203 años de la Independencia, el jefe del contingente que pidió permiso afirmó que también se cumplían cien años del Ejército nacional. Decir que el Ejército mexicano sólo tiene cien años es un insulto a las fuerzas armadas.

El oficialismo ha borrado con un vulgar decreto la historia militar mexicana del siglo XIX, cuando el Ejército mexicano (de cualquiera de los regímenes) sostuvo verdaderamente guerras y combates contra otras naciones y en guerras civiles  que finalmente tenían un sentido patriótico a pesar de la diferencia de facciones. Decir que el Ejército mexicano tiene cien años es olvidarse que Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide conformaron el “Ejército Trigarante”, que no era otra cosa que un ejército nacional, mal armado y pertrechado, pero consumador de la Independencia Nacional. Decir que el Ejército mexicano sólo tiene cien años es olvidar a las destempladas, pero heróicas, tropas que marcharon (¡con Santa Anna!) a impedir la independencia de Texas, triunfando en El Álamo y  sucumbiendo en San Jacinto.

Decir que el Ejército mexicano tiene sólo cien años es olvidarse de la invasión americana de 1846-1847, cuando el Ejército mexicano (no había otro) se batió heroicamente en La Angostura, Padierna, Molino del Rey, Churubusco y Chapultepec. Decir que el Ejército mexicano tiene cien años es borrar la Batalla de Puebla del 5 de mayo y las batallas de Miahuatlán, la Carbonera, Puebla el 2 de abril (decisiva), sitio de Querétaro y Toma de México (27 de junio de 1867), es decir, la larga lucha contra la intervención francesa y el imperio de Maximiliano para restaurar la república.

No, el Ejército Mexicano no tiene sólo cien años, es la corporación fundada desde las luchas independentistas y por ello relumbran generales, oficiales y soldados reconocidos en la historia de México por su entrega, por su heroísmo y en muchos casos también por traición, eso es ineludible en los grupos humanos.

Una revisión cautelosa y rigurosa de la vida castrense mexicana, después de 1913 (la impostora fecha de creación oficial), nos llevaría entonces a ver en el Ejército mexicano una serie de acomodos y traiciones por hombres como Obregón  y Calles, que con el mando militar traicionaron a Carranza y luego asesinaron a los generales Serrano y a Gómez.

Comentaba en al anterior artículo la diferencia entre los “gringos” y nosotros, y para dar un ejemplo que tiene que ver con el tema motivo de estas líneas me referiré al caso de los billetes de dos dólares, que los mexicanos ilegales o no que han estado viviendo en el otro lado conservan en su cartera porque les han dicho que ese billete es de buena suerte porque no hay muchos.

Efectivamente no hay muchos porque sólo se imprimió una vez, el motivo fue que en el anverso del billete aparece una foto de la pintura conocida como cuadro de la declaración de independencia del autor John Trumbell, sólo que en esta pintura aparece una persona con el sombrero puesto cuando John Adams, Thomas Jefferson y Benjamín Franklin estaba firmando el acta, lo cual constituye una falta de respeto para el acto solemne.

Como alguien se fijó, entonces se ordenó que se reimprimiera el billete quitando a esa persona que aparecía con el sombrero puesto y punto, pero otro de los asesores del tesoro americano respondió que no se podía hacer eso porque entonces la segunda impresión seria inválida y no podía haber billetes de la misma denominación con diferente impresión, es decir un billete donde aparece la pintura con una persona con el sombrero puesto y otro billete donde esta misma persona aparece sin el sombrero.

Alguien dijo: “¡Qué importa! ¿Quién se fija?”, la respuesta fue que sí importaba ya que la discusión había comenzado porque alguien se había fijado en el detalle de la persona que aparece con el sombrero en la pintura, que en todo caso fue un error deliberado del pintor. Entonces se tomó la decisión que no se imprimiera un solo billete más de dos dólares, por esa razón es que son escasos y no porque sean de buena suerte.

Señor Presidente, solicito su permiso para……. iniciar un desfile que conmemora mentiras.

 

ogjimenez66@hotmail.com

 

¡Código QR para pasar la URL de la noticia a tu celular!

Sobre el Autor